
Desde la turba se sale de su foco el humo proveniente de la boquilla sensual de un cigarrillo bien fumado, que de la mano trae a una parisina encadenada a la entrada de un cine que ha sido clausurado. Su boina roja, abrigo verde, ojos azules y actitud desafiante entorpecen el paso a la policía. Desde adentro se oyen los gritos ‘alais la france’. Sin titubear al griterío, Isabelle termina su cigarro.
“Tenemos que sentarnos en las primeras filas del cine, así, nos llegan las imágenes primero que a los de atrás.”
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